SÍNDROME METABÓLICO
El síndrome metabólico es un trastorno complejo relacionado con el depósito de tejido graso y la dificultad en la acción de la insulina (resistencia a la insulina) que, a su vez, aumentan el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2.
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Las alteraciones de grasas como el colesterol y/o triglicéridos en la sangre son llamadas dislipemias. Cuando el nivel de estas grasas sobrepasa los límites normales, puede afectar la pared de las arterias mediante la formación de las tan temidas placas de ateroma. Si estas placas aumentan progresivamente, pueden terminar obstruyendo la arteria y disminuyendo su flujo. Este proceso se da con mucha lentitud, ya que para que una arteria se enferme debe estar expuesta durante años, tal vez, a estos factores perjudiciales. En el síndrome metabólico se da una situación especial, conocida entre los especialistas como dislipemia aterogénica, que se caracteriza por la tríada de triglicéridos elevados, colesterol bueno reducido y colesterol malo aumentado. La confluencia de estos tres factores favorece y acelera la enfermedad arterial.
En los pacientes con síndrome metabólico también se pueden medir otros marcadores que ayudan a determinar el riesgo de la persona, como por ejemplo la apolipoproteína B (que es una proteína ligada al colesterol), la proteína C reactiva (nos da una idea del perfil inflamatorio del paciente) o el fibrinógeno (que refleja una tendencia mayor a generar coágulos). Hay que recordar que la medición de estos parámetros puede no ser necesaria en todos los pacientes y su interpretación debe someterse siempre al juicio del especialista.
También existen otros factores que contribuyen al desarrollo del síndrome metabólico: el sobrepeso, la obesidad central, el sedentarismo y el consumo de alimentos que pueden favorecer la aterosclerosis, como los que contienen grasas saturadas o trans.
Tratamiento del síndrome metabólico
La primera línea de tratamiento en los pacientes con síndrome metabólico es la incorporación de cambios en los hábitos de vida, en particular en relación con la dieta y la actividad física, así como también, en los pacientes fumadores, el abandono del cigarrillo. La disminución del peso es fundamental en la prevención de la progresión de los componentes del síndrome metabólico. Pero esa disminución debe lograrse a través de un cambio de conducta mediante el cual, en forma progresiva, se reduzca la ingesta calórica y se aumente la actividad física. Las dietas intensivas o extremas, muy bajas en calorías, rara vez son efectivas. Debe indicarse un plan personalizado para lograr una disminución de peso a largo plazo, con objetivos realistas, como por ejemplo un descenso de peso de entre 7 y 10% del peso total durante el primer año.
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