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| Historia de la donación de sangre |
Desde el comienzo de los tiempos, las distintas culturas le otorgaron a la sangre una connotación dramática. La vieja expresión "el elíxir de la vida" es harto descriptiva y roza significados religiosos, patrióticos y místicos.
La Biblia hace innumerables referencias a ella, una de las más importantes aparece en el Levítico: "la vida de la carne está en la sangre" parangonando la sangre a la vida misma. La sangre es considerada sagrada a tal punto que en el Antiguo Testamento se prohíbe explícitamente su consumo, lo que en la interpretación literal sostiene la argumentación de los testigos de Jehová de negarse a recibir transfusiones.
Los egipcios veían en la sangre el vehículo del espíritu humano, y se bañaban en ella como rito de restauración. Los gladiadores romanos consideraban que la sangre confería fuerza y bebían la de sus oponentes caídos.
Desde el medioevo hasta la época Victoriana los médicos consideraban que tenía poderes maravillosos y que, a través de su remoción, podían extraerse los tumores malignos y, a través de su infusión, se compondrían los desórdenes de un sujeto.
La sangre es también el alimento excluyente de los vampiros, esos seres atrayentes, enigmáticos y, a la vez, demoníacos, que aparecen tantas veces en la literatura fantástica y en el cine.
Todas estas características no son privativas de las mitologías, sino que afectaron y afectan la conducta y el comportamiento de toda la sociedad, e incluso de médicos hasta tiempos muy recientes.
Es así como en diferentes culturas y durante siglos, se consideró a la sangre como un elemento vital y, con frecuencia, mágico, que marcaba las situaciones y eventos más significativos en la historia de las civilizaciones y en la vida misma de los individuos (casamientos, nacimientos, iniciaciones y muerte) y cuya pérdida se asociaba indisolublemente con desgracias, disgustos, impotencia, enfermedades y tragedias. Está presente como concepto en lo religioso, en la psicología de las relaciones humanas y en las teorías y conceptos de raza, parentesco, cultos ancestrales y familias. Desde tiempos inmemoriales simboliza fortaleza, vigor, nobleza, pureza y fertilidad. Su derramamiento produce terror.
A nivel individual, se la relaciona íntimamente con la vida y la muerte. Las actitudes hacia ella y los valores asociados con su posesión, herencia, uso y pérdida en hombres y mujeres son objeto de estudio por parte de la Antropología como uno de los aspectos distintivos de cada cultura. Algunas de esas creencias dificultan el trabajo de los médicos que se encargan de reclutar donantes de sangre. Por ejemplo, según una vieja superstición, la sangre es una propiedad inviolable dentro del cuerpo y su manipulación se considera sacrílega.
En algunas regiones de África existe la creencia de que la sangre perdida no puede regenerarse y que las consecuencias derivadas de tal pérdida se traducen en debilitamiento, impotencia o ceguera de por vida.
El desarrollo del conocimiento científico sobre la circulación de la sangre, su composición y método de preservación, conjuntamente con el reconocimiento de los patrones de distribución genética de los grupos sanguíneos y la posibilidad de la transmisión de ciertas enfermedades, nos proveen de un marco de aproximación más racional. A partir de estos hechos, los servicios de medicina transfusional pasaron a ocupar un inevitable y merecido lugar como integrantes indispensables y constituyentes vitales de la Medicina moderna.
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Historia de la donación de sangre
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